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No deje que se le meta el demoníaco espíritu
de la contradicción

El demonio de la contradicción

Una vez que se le meta este espíritu inmundo será muy difícil sacarlo de su vida y solo Jesucristo lo podrá librar de él, se le volverá un vicio y no podrá vivir sin llevarle la contraria a los demás la blanda respuesta calma la ira Es mejor no responder ni conversar con la gente contradictora, nunca cambiaran. No dejes que te posea y te tome el alma la contradicción porque es propia de necios, rabiosos y endemoniados y la gente sensata siempre estará contra ti. Aunque seas inteligente, al ser permanente contradictor, lo dificultas todo, y no escapas de ser impertinente, aun siendo entendido. Al dulce placer de conversar, los contradictores lo convierten en una insana, amarga y loca guerrilla, y de ese modo consiguen la enemistad de todos: de sus allegados y aun de los que no los tratan. Dañan y agrian los buenos momentos con sus perniciosas necedades. Más que fieras, son bestias. La buena educación nos aconseja que no utilicemos la negación por sistema, que es lo que podemos entender por tener espíritu de contradicción. Estamos de acuerdo en que, si alguien es siempre la voz que discute las afirmaciones existentes, resulta molesto en el «dulce conversar » que preconizan las buenas costumbres, pues, cuando una charla discurre por los derroteros del enfrentamiento sistemático, no suele ser agradable ni eficaz para los que la mantienen. No obstante, debemos precisar el concepto de espíritu de contradicción definido por la Real Academia Española como «genio inclinado a contradecir siempre ». Así la contradicción no es valorada siempre que no lleve asociada una demostración razonada. La negación sin un argumento claro que la sustente es lo que desagrada a todas las personas sensatas. Distinguimos, por tanto, la contradicción de la crítica o de la duda de los pensamientos establecidos en cada momento. Parece que el espíritu de contradicción conlleva que no se demuestre la negación y que, además, se haga por sistema. Sin embargo, cuando hablamos del método de la duda o de la crítica, podemos destacarlo como uno de los procedimientos del avance científico y del pensamiento humano. Así el método de la duda, o también conocido como la duda metódica de Descartes, permite avanzar en el conocimiento de cualquier ciencia y ha sido una herramienta clara de todos los avances de los últimos siglos al cuestionar las verdades establecidas de cada momento histórico («e pur si mouve, Galileo»). Pensar que todas las afirmaciones pueden ser sometidas a una duda metódica es una práctica muy recomendable en estos tiempos en los que las nuevas tecnologías nos permiten realizar comprobaciones que antes no eran posibles. Si, además, se recurre a técnicas colaborativas (contar con el saber existente), cualquier investigación puede llegar a ser sorprendente. Respecto a la crítica, y mejor la constructiva, podemos afirmar que supone una de las maneras más claras de experimentar la libertad de pensamiento y expresión. Aunque si la crítica es manifestada con exagerada radicalidad, se puede confundir con la contradicción, término que hemos acordado dejar para la negación no fundada en argumentos. Afirmaríamos que espíritu crítico sí y espíritu de contradicción no. Si la crítica lleva a enfrentarse al poder o conocimiento imperante, puede ser minusvalorada y confundida con un espíritu de contradicción, pero sólo los argumentos razonados pueden diferenciar una sana discusión ante el llevar la contraria por sistema. El espíritu de contradicción, además de ser molesto para los demás, puede ser una consecuencia de un carácter de la persona marcado por el resentimiento y la mala educación entendiendo por ello cuando alguien se enoja o amarga en relación con algo o, a veces, en contra de todo el mundo. Entonces la objetividad para argumentar se pierde, ya que el resentido suele culpar a los demás de su propia situación, sin la debida autocrítica. La única recomendación posible a la persona con espíritu de contradicción es que se conozca a él mismo (autocrítica) o que se lo haga mirar, es decir, que recurra a terceros, pues ser antídoto puede esconder alguna carencia afectiva o psíquica. También debe solicitar ayuda espiritual o de un Psiquiatra para corregir este trastorno de conducta. A algunas personas no parece que le moleste el que se les lleve la contraria, sino que se haga siempre, por sistema, por costumbre. Y ello, sin dejar de manifestarse cierto, ya que se convierte en una pesadez tener a alguien que cuestiona cualquier tema en cada momento, no deja de ser intelectualmente estimulante confrontarse a un argumento inteligente. Se ha afirmado en medios académicos que no se produce la atención debida entre los alumnos que facilite el aprendizaje si no hay una provocación, es decir, un pensamiento que lleve a razonar, porque rompe con lo que uno piensa que es lo normal o sensato. Sólo provocando, esto es, obligando a razonar como reacción a una opinión diferente, primero se capta la atención y luego permite aprender con un razonamiento adecuado. Reivindico el espíritu provocador en contra de lo políticamente correcto para animar las conversaciones pues una buena charla entre amigos constituye uno de los placeres mejores que podemos disfrutar y, si la tertulia, además, se anima porque alguien original en sus planteamientos y que provoca el pensamiento, pues mucho mejor. En estos casos que menos que recordar a Oscar Wilde, el eterno provocador y cínico que dijo: «Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre, pienso que debo estar equivocado». Corren tiempos de provocar la innovación, de cuestionar las recetas que no han resuelto los problemas de la avaricia de unos y de hambre de otros. Los nuevos paradigmas pueden exigir que digamos que no, con argumentos, a algunos pensamientos imperantes, aunque digan que llevamos siempre la contraria. El espíritu de contradicción es un enorme demonio y muchos son los que están poseídos por el.

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